La ‘Bebecita ‘ había aceptado un preacuerdo de 36 meses de cárcel horas antes de morir en un operativo junto a alias ‘Bendito Menor ‘

Un giro implacable del destino marcó el final de la vida de Rosa Angélica Tarazona Tarazona, conocida en el mundo criminal como alias La Bebecita, quien falleció en un operativo militar y policial en Riohacha apenas horas después de haber alcanzado un preacuerdo judicial con la Fiscalía General de la Nación para responder por el delito de concierto para delinquir.

Los hechos se precipitaron el pasado 3 de septiembre, jornada en la que un juez de conocimiento en la capital de La Guajira avaló formalmente la negociación judicial. En dicha diligencia, la joven de 20 años aceptó su responsabilidad penal por el delito de concierto para delinquir agravado en calidad de cómplice, a cambio de una pena privativa de la libertad de 36 meses. Aunque el ente acusador había solicitado que se emitiera una orden de captura inmediata al momento de la lectura de la sentencia para garantizar su reclusión en un centro carcelario, la defensa legal de la procesada abogaba por que la condena se purgara bajo la modalidad de detención domiciliaria, argumentando principalmente su condición de madre de dos hijos menores de edad.

Sin embargo, el fallo judicial definitivo nunca llegó. Durante las primeras horas de la madrugada del 4 de septiembre, un operativo de la fuerza pública desarrollado en la misma ciudad desencadenó un enfrentamiento armado que cobró la vida de alias La Bebecita y de su compañero sentimental, Naín Andrés Pérez Toncel, ampliamente conocido en las estructuras criminales como alias Bendito Menor y señalado por las autoridades como un cabecilla de las Autodefensas Conquistadores de la Sierra Nevada.

La coincidencia temporal entre el proceso en los estrados judiciales y el desenlace fatal en el terreno dejó perplejas a las autoridades. Rosa Angélica, quien había sido detenida inicialmente en septiembre de 2025 y posteriormente beneficiada con medida de aseguramiento en su residencia, era investigada por cumplir un rol logístico y financiero dentro de la organización armada ilegal, encargado del manejo de dineros, la financiación de pagos a integrantes armados y labores de seguridad. Más allá de su perfil delictivo, su exposición pública creció debido a la relación sentimental que sostenía con el cabecilla, con quien compartía frecuentemente registros en redes sociales y de quien incluso había recibido una propuesta de matrimonio, consolidando una doble faceta entre su vida personal y los vínculos con el grupo criminal que finalmente truncaron su futuro de manera abrupta.