El campo debería ser el principal activo de Colombia y como tal, considero inconcebible que se presenten fenómenos como el desplazamiento forzado, que afecta directamente a quienes diariamente producen los alimentos que consumimos en el resto del país.
No se trata únicamente de la tragedia personal y familiar que esto implica para cada una de las víctimas, también hay que pensar en el daño que le causa al país cada campesino obligado a abandonar su tierra, lo que deja de producir, el engrosamiento de los cinturones de miseria en las ciudades a las que llegan, el aumento en los índices de desempleo, de pobreza extrema, mendicidad y casi que inevitablemente, de violencia urbana.
De las 11 millones de personas que se estima habitan en las zonas rurales de Colombia, cerca del 60% se dedica a la actividad agropecuaria, lo que hace de este sector uno de los principales proveedores de empleo. Si lo analizamos, en condiciones ideales representa un oficio que trasciende generaciones y tiene todo el potencial, si se le presta la atención necesaria, de convertirse en nicho de innovación técnica, crecimiento económico y competitividad nacional e internacional.
El regreso de un campesino a su tierra con todas las garantías, debe ser visto más que como un acto humanitario, como un tesoro que el país recupera, es un logro para nuestra seguridad alimentaria, esa que a menudo damos por sentado al creer que las estanterías de los supermercados, de las plazas de mercado, las tiendas y hasta las carretas de los vendedores ambulantes, se llenan por arte de magia.
Según la Oficina de la ONU para Asuntos Humanitarios, más de 57 mil personas han sido desplazadas masivamente por la violencia este año, y si a esto se suma la estimación de desplazamientos individuales, la cifra supera las 80 mil víctimas, de las que tan solo un 18% ha podido retornar a sus hogares, es decir, poco más de 10 mil.
A pesar de esta realidad, somos testigos de la nobleza de la gente del campo, que incluso ante este flagelo, sumado a fenómenos climáticos e impactos exógenos como la pandemia, ha seguido dando la lucha, siendo uno de los pocos sectores del país que no paró y gracias a esto, las estanterías nunca llegaron a estar totalmente vacías.
Cobran importancia iniciativas como el proyecto de ley +Agro, presentado por el representante Wadith Manzur Imbett, que busca regular los precios de los insumos agropecuarios, cuyos altos costos se convierten en el talón de Aquiles de nuestros campesinos.
Es urgente que volvamos al campo, que garanticemos el acceso a las tierras, el apoyo a la producción y mercadeo de pequeños y medianos productores, se necesita una mayor inversión estatal para el fortalecimiento de las cadenas productivas, para así, en un futuro no muy lejano, lograr cerrar la brecha que existe entre Colombia y otros países de la región.
El 5 de noviembre de 2021, se publicó el Boletín Técnico del DANE en el que se presenta el Índice de Precios al Consumidor (IPC) para Colombia. En artículo anterior (26 de octubre de 2021) señalábamos el crecimiento inflacionario en el país que para el mes de septiembre se ubicó en 4.51% anual y 0.38% mensual, en comparación con agosto del mismo año. El boletín y las estadísticas presentadas por el DANE, para el mes de octubre del presente año, indican un crecimiento bajo del 0.01% en comparación con septiembre de 2021. Reafirmamos el continuo crecimiento de la inflación y el progresivo incremento de las mismas divisiones del gasto (8), que experimentaron el mismo comportamiento en septiembre. En la división del gasto el comportamiento que presentaron los rubros por encima del promedio nacional en octubre de 2021, fueron: Alimentos y bebidas no alcohólicas (0,89%), Restaurantes y hoteles (0,53%), Salud (0,50%), Transporte (0,50%), Bebidas alcohólicas y tabaco (0,46%), Alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles (0,29%), Muebles, artículos para el hogar y para la conservación ordinaria del hogar (0,29%), y por último, Bienes y servicios diversos (0,29%). Por debajo se ubicaron: Educación (-0,07%), Recreación y cultura (-0,21%), Prendas de vestir y calzado (-3,45%) y por último, Información y comunicación (-6,79%). Algunas variaciones y cambios menores en tres rubros, definen la volatilidad del índice.
Es notable el incremento de los precios en el país y la progresiva presión inflacionaria en los rubros principales de la canasta familiar. La estimación del Banco de la República, es 4.88% al final del año. Si analizamos con más cuidado estas cifras para el mes de octubre el comportamiento de precios se estructuró de la siguiente manera:
En el cuadro No 1, se puede evidenciar la continuidad en aumento, que experimenta la inflación en el país, aspecto que resaltamos en el análisis del mes anterior (septiembre de 2021). Los incrementos de los primeros 8 rubros de la división, indican la sostenibilidad en el aumento del IPC, producto de las importaciones de materias primas, el ciclo reactivamente de la economía y el encarecimiento de precios básicos definidos por los propietarios de establecimientos. En ese sentido, si analizamos las variaciones por mes, desde enero de 2020, se deduce que el mes de octubre 2021, aumentó 0.01% con respecto al mes de septiembre. Si bien es una variación baja, en el año corrido y la variación anual es alto el comportamiento inflacionario; ello sin tener presente los meses donde se experimentó deflación (inflación negativa), ver Gráfica No 2. La baja inflación se explica en este mes, por lo efectos generados en materia de estabilización temporal, producto del control monetario, el aumento de las tasas de interés, los topes de crédito y el control fiscal.
De otro lado, las ciudades con mayor inflación en octubre de 2021 fueron: Bucaramanga (0.46%), Cúcuta (0.36%), Valledupar (0.19%), Tunja (0.16%), Neiva (0.11%) y Montería (0.02%).
Si analizamos el IPC por rubros específicos, desde la información del boletín precitado, se pueden deducir los siguientes comportamientos:
La variación mensual y anual de alimentos y bebidas no alcohólicas, muestran los índices más altos del total, ver gráficas 4 y 5. Crecimientos inflacionarios cercanos al 14% de este rubro para el año 2021, el más alto desde 2016. Lo cual nos indica el peso de esta división en la canasta familiar. Ello afecta sistemáticamente el deterioro del ingreso y el aumento de la pobreza monetaria en la población, especialmente para estos meses. Si analizamos algunos productos rigurosamente y con mayor detalle, podemos observar las variaciones y su impacto. Por ejemplo, la carne de res, presenta variaciones anuales del 28.35% en su IPC, la más alta variación desde el año 2014, nótese el impacto desbordado originado en este rubro; lo cual ha sido peor en estos momentos después de los periodos críticos de la pandemia, nos preguntamos, ¿En que queda el control de precios por parte de las secretarias de gobierno municipal en Colombia?
De la misma forma, las frutas frescas han crecido en 24.35% desde abril de 2016 (43.51%) y la variación de la leche, otro producto de la canasta, se ubica a octubre en el 6.94%, también con una inflación alta y progresiva.
El IPC de plátanos se ubicó en 6.38% anual, experimentando la variación más alta desde noviembre de 2020. Ver Gráfica No 9. El arroz presenta una variación anual negativa de -15.29%, indicador que representó un alivio al ingreso familiar después del alza abrumadora del 41.11% en mayo de 2020. (Gráfica No 10).
Si bien este último producto es de alto consumo y su variación negativa ayuda a mejorar la capacidad adquisitiva, es una inflexión temporal, no disminuye frente al total de la adquisición, ya que la inflación básica aumento en todos los productos.
Por último, los huevos experimentaron un comportamiento inflacionario anual del 17.93%, la más alta desde diciembre de 2017.
Finalmente, en síntesis, se pueden observar los crecimientos de los principales productos de la canasta familiar 2019-2021 y por ende su impacto en el ingreso. La línea de color negro y lila, para ambas gráficas, evidencian la alta variación del IPC en las distintas clases de productos, para los últimos meses del año corrido. En sí, le ha costado mucho, la reactivación económica al bolsillo de los colombianos.
Por último, veamos el impacto de la inflación de octubre en el ingreso. Es notable como se había indicado en párrafos anteriores, la contribución en el gasto del IPC y de hecho en l ingreso familiar. En el cuadro No 2, se puede evidenciar la participación en las distintas clases.
En octubre de 2021, la variación mensual del IPC por nivel de ingresos afectó más a los pobres en 0,17%, representando una variación total para 2021 del 0.01%. Téngase presente que para 2020 fue de -0.06%. En lo corrido del año, la variación del IPC por nivel de ingresos fue: Pobres (5,15%), Vulnerables (5,21%), Clase media (4,46%), Ingresos altos (3,47%) y por último, Total nivel de ingresos (4,34%), frente a 2020 su crecimiento fue de 2.96%. Obsérvese que la clase más afectada fue vulnerables tanto en 2020 como 2021.
La variación anual del IPC por nivel de ingresos fue: Pobres (5,53%), Vulnerables (5,60%), Clase media (4,73%), Ingresos altos (3,55%) y por último, Total nivel de ingresos (4,58%).En general se evidencia el mayor impacto de la inflación en los ingresos bajos, lo cual ratifica la sostenibilidad y creación de nueva pobreza monetaria, multidimensional, desigualdad, miseria e informalidad progresiva.
No debería ser motivo de burlas, mucho menos fuente de memes. Lo que se está definiendo en Glasgow, Reino Unido, es quizá una de las últimas oportunidades que tiene la humanidad, para garantizar su continuidad como especie.
La Conferencia de las Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP26, debería ser el centro de atención de todos quienes a conciencia habitamos la tierra, y deberíamos estar tan pendientes de lo que ahí se discute, como lo estamos del Mundial de Fútbol, los Juegos Olímpicos o Miss Universo.
No se trata solo de Colombia, menos de nuestro actual gobierno, ya que los presidentes van y vienen, pero todos tenemos que seguir compartiendo la misma tierra, esa que le vamos a heredar a nuestros hijos y nietos, pero si la seguimos destruyendo, ni los más poderosos del mundo tendrán a donde escapar.
Muchos son los compromisos asumidos por las naciones, algunos más ambiciosos que otros, pero no deja de ser preocupante el tema de los plazos, ya que el reloj nos sigue corriendo y el deterioro del medioambiente no da tregua.
Destaco el anuncio hecho por la comisión colombiana en la conferencia, respecto a adelantar para 2022 la meta propuesta para 2030, de declarar área protegida el 30% de su territorio. El compromiso contempla también que para el año entrante el 30% del mar territorial sea declarado área protegida.
Es igualmente importante la meta de reducir las emisiones de carbono en un 51% para 2030 y alcanzar la neutralidad para 2050, así como reducir a cero la deforestación ilegal y lograr la siembra de 180 millones de árboles en 2022.
Llama la atención la alianza entre Colombia, Ecuador, Panamá y Costa Rica, cuyas áreas marítimas protegidas conformarán el corredor ambiental más grande del planeta.
Aunque la COP26 ha sido objeto de críticas por diversos sectores, que irónicamente se sitúan en extremos a favor y en contra de la labor medioambiental, el balance hasta el momento ha sido muy positivo.
Si analizamos los acuerdos alcanzados hasta ahora, vemos que tanto las potencias mundiales, así como la Unión Europea y los considerados “países chicos”, están entendiendo que cada acción realizada en pro o en contra del medioambiente, sin importar su origen, nos afecta a todos.
Ejemplo de ello es el anuncio realizado conjuntamente por Alemania, Noruega y el Reino Unido, frente al desembolso de 33,5 millones de dólares, destinados a la protección de la amazonia colombiana.
Lo más importante es entender que la lucha contra el cambio climático no se gana solo desde estos grandes escenarios donde se reúnen los líderes mundiales, sino que las pequeñas acciones son las que al final inclinarán la balanza en favor del medioambiente, partiendo desde lo que hacemos en las ciudades, los barrios, las veredas, los colegios, y desde nuestros propios hogares, para reducir la huella de carbono.
Preguntémonos si vale la pena salvar al planeta, preguntémonos si aún estamos a tiempo y qué podemos hacer.
Octubre y noviembre marcan una temporada de celebraciones alrededor del mundo, que tienen sus orígenes en tradiciones religiosas, pero a través de la historia se han matizado con las expresiones culturales de cada lugar donde se realizan.
En Norteamérica, por ejemplo, la tradición cristiana All Hallows Evening de hacer vigilia para esperar el Día de Todos los Santos, tuvo la influencia de antiguos rituales de cosecha paganos, evolucionando en el tiempo a lo que conocemos hoy como Halloween, una celebración que se ha convertido en una fecha llena de disfraces, dulces, bromas e historias de terror.
En México y algunos otros países latinoamericanos, aún se conserva casi en su forma original, la tradición del Día de Muertos, nacida de una mezcla entre celebraciones prehispánicas y europeas, que hizo coincidir el Día de Todos los Santos de los católicos, con los festivales indígenas en los que se hacían ofrendas a los fallecidos. Esta celebración fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.
En Colombia, celebramos Halloween al estilo norteamericano, al igual que en mucho otros países en los que se instauró esta tradición de la mano de la comercialización. Sin embargo, en Córdoba (y me atrevería a decir que en todo el Caribe) tiene una connotación particular, porque en esta época, si bien los niños se disfrazan y piden dulces en los barrios y centros comerciales, también recordamos las historias que de pequeños nos daban escalofríos.
En mi infancia escuchaba los cuentos de los ‘aparatos’ que salían en Montería y pueblos cercanos; nuestros abuelos aún relatan que muchos vieron al Jinete sin Cabeza, que un familiar encontró las huellas pequeñitas de los duendes, que a una conocida se le mudó el espíritu de Juan Lara para la casa o que a un primo lejano lo confundió una bruja cuando caminaba por una calle oscura. Estas y otras historias como las de La Llorona, La Custodia, La Patasola, El Gritón o El Mohán, hacen parte de nuestro folclor demosófico, son relatos que se han transmitido de generación en generación y que son parte del acervo cultural que caracteriza nuestra región.
Sin embargo, por esa misma carga de espiritualidad que se le atribuye a esta época del año, se ven muchos casos en los que el fanatismo y algunas creencias específicas, llevan a sus adeptos a cometer transgresiones y hasta delitos, como profanar tumbas, sacrificar animales y en los peores casos, llegar a poner en peligro la seguridad de otras personas. Ya no nos atemorizan aquellos cuentos de los abuelos, sino estas historias de terror de la vida real, y nos asusta pensar que alguno de estos casos pudiera llegar a afectarnos.
Qué bueno es cuando se conservan las tradiciones, que independientemente de su origen, nos invitan a pasar tiempo de calidad con familiares y amigos; que las creencias extremas no arruinen la ilusión de un niño que sueña con disfrazarse de su personaje favorito. Disfrutemos esta fecha cuidándonos los unos a los otros, convencidos de que por cada historia de terror siempre hay un bien mayor que la supera. ¡Feliz Halloween!
Decano Facultad de Ciencias Económicas, Jurídicas y Administrativas. Universidad de Córdoba. Colombia
Índice de Precios al Consumidor. Dinámicas y variaciones en las divisiones del gasto.
El crecimiento inflacionario de los meses de agosto y septiembre de 2021 en Colombia, representan el período de mayor incremento de los precios en la economía, después de los registros más altos de la pandemia. Somos de las economías, a la fecha, con inflación más alta en América Latina y el Caribe: por ejemplo, México presenta tasa de inflación anual para agosto del 5,59 %, mientras que en Chile esta cifra alcanzó el 4,8 %. En el caso de Perú, la variación 12 meses del IPC subió hasta el 4,53 % y Argentina, cuyo último dato, el de julio, era de 51,8 %. Colombia se ubica con una inflación anual de 4.51%. En detalle, para el caso colombiano, según el DANE, en mes de septiembre de 2021, el IPC registró una variación de 0,38% en comparación con agosto del mismo año. Ocho divisiones del gasto se ubicaron por encima del promedio nacional (0,38%): Recreación y cultura (0,77%), Alimentos y bebidas no alcohólicas (0,76%), Transporte (0,59%), Restaurantes y hoteles (0,55%), Salud (0,48%), Bienes y servicios diversos (0,48%), Bebidas alcohólicas y tabaco (0,41%) y, por último, Alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles (0,40%). Por debajo se ubicaron: Muebles, artículos para el hogar y para la conservación ordinaria del hogar (0,38%), Prendas de vestir y calzado (0,08%), Información y comunicación (0,08%) y, por último, Educación (-2,30%).
En la misma gráfica se puede evidenciar que la inflación anual en Colombia a septiembre aumento 2.54 puntos básicos, con respecto al mismo mes de 2020, (1.97%). Igualmente, para el año corrido (enero-septiembre) fue de 4.33% frente al 1.44% en el mismo mes de 2020. Datos Dane.
Los datos de inflación muestran el fuerte crecimiento de los precios producto en gran parte de la reactivación económica mensual y el crecimiento progresivo de los precios IPC e IPP, en la economía y las regiones. A ello se suman los efectos ocasionados por la tasa de cambio, principalmente por la devaluación monetaria del peso colombiano frente al dólar, rebote cambiario que hizo incrementar los precios, principalmente en aquellos productos importados o que requirieron de materias primas importadas en el período.
Algunos expertos citan a su vez como causas de los efectos inflacionarios, las diversas disrupciones de oferta, el soporte monetario-fiscal, es decir el impacto moderado de la reforma tributaria y los requerimientos del gobierno en materia fiscal tradicional. Estos efectos han traído como consecuencia inicial una política monetaria restrictiva que llevará a aumentar progresivamente las tasas de interés y el control de créditos, mediante encajes y topes monetarios en los mismos.
Si analizamos las variaciones del gasto en la contribución mensual de la inflación de septiembre (Gráfica No 2); se evidencian los impactos ocasionados por rubros como: alojamiento, agua, electricidad y gas (0.13%); alimentos y bebidas no alcohólicas (0.13%) y transporte (0.08%), entre otros rubros.
Ahora bien, frente al comportamiento de la variación en el año corrido del IPC (enero-septiembre), según divisiones y subclases, dos divisiones de bienes y servicios se ubicaron por encima del promedio nacional (4,33%): Alimentos y bebidas no alcohólicas (12,21%) y por último, Restaurantes y hoteles (6,15%). El resto de las divisiones se ubicaron por debajo del promedio: Transporte (3,78%), Muebles, artículos para el hogar y para la conservación ordinaria del hogar (3,51%), Salud (3,13%), Bienes y servicios diversos (3,11%), Educación (2,99%), Bebidas alcohólicas y tabaco (2,87%), Alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles (2,77%), Prendas de vestir y calzado (1,94%), Recreación y cultura (1,10%) y, por último, Información y comunicación (-5,76%).
Igual a la variación mensual, los registros indican que los mayores aportes a la variación en lo corrido del año, se ubicaron en las divisiones de Alimentos y bebidas no alcohólicas, Alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles, Restaurantes y hoteles y Transporte, las cuales en conjunto contribuyeron con 3,92 puntos porcentuales a la variación total. La Gráfica No 3 evidencia claramente, la variación año corrido. Allí se puede observar el alto crecimiento de las divisiones del gasto, lo que ha implicó efectos adversos en la capacidad adquisitiva y los ingresos monetarios de la población.
2.0 Inflación por ciudades en Colombia. Septiembre 2021. Frente a las ciudades con mayor y menor inflación en el período estudiado, se resalta la inflación mensual más baja en Popayán e Ibagué, el registro fue de -0,04% en ambas. Las ciudades con mayor inflación fueron Cúcuta y Santa Marta, superaron la media nacional: 0,79% y 0,76%, respectivamente. Bogotá tuvo una inflación mensual de 0,29%. Ahora bien, frente a la variación año corrido, Popayán, Santa Marta y Cúcuta presentaron la mayor inflación en los primeros 9 meses del año: 6,62%, 6,32% y 5,86%, respectivamente. Las ciudades con menor inflación en el año corrido, fueron: Bogotá D.C (3.66%), Tunja (3.81%) y Riohacha (4.06%).
Este deterioro en el ciclo inflacionario está contribuyendo a desmejorar la calidad de vida, lo cual sumado a la pobreza monetaria (42.5%), señalada en columnas anteriores, el alto desempleo (14.3%) aun sostenido en cifras preocupantes, especialmente en las regiones y finalmente la volatilidad de la tasa de cambio; generan preocupaciones a futuro, frente a la consolidación de una burbuja estanflacionaria (es decir un desborde en el aumento de precios). Fenómeno que puede suscitarse ante el vertiginoso crecimiento que se espera del Producto Interno Bruto-PIB para el país, que oscilará, según el Banco Mundial (BM), entre 7.5% y 9.2%.
Lo anterior se reafirma en algunas notas publicadas recientemente por Portafolio.com sobre el tema, cuando indica “Y esto, mientras que el desempleo se mantiene alto en algunas partes del mundo, mientras que la inflación sigue afectando a la mayoría de países. Por ejemplo, para el noveno mes del año, la inflación en la eurozona subió hasta el 3,4%, lo que supone el mayor dato desde 2008, cuando este grupo de países registró un máximo de 3,6%. Y aunque en Estados Unidos el indicador bajó una décima en el último mes para ubicarse en 5,3%, la semana pasada el presidente de la Fed, Jerome Powell, afirmó que la dinámica de este indicador podría ser más preocupante de lo que se esperaba meses atrás”. Así las cosas, desempleo e inflación se juntarán doblegando las buenas prácticas y tendencias de la economía para el resto de año, dando paso a posibles escenarios de inestabilidad y recesión parcial.
Anota, a su vez, el mismo magazín que “también se ha apuntado que la crisis en las cadenas globales de suministro podría generar un choque de oferta que impulsaría los precios, en un momento en que el PIB ya fuera menos dinámico”. Igualmente, el comportamiento de los precios del petróleo podrá generar otros choques de oferta, lo cual derivaría en inflación y probable revaluación, en caso que el dólar frente al peso colombiano, se aprecie.
3.0 Impacto del Comportamiento de la variación mensual, año corrido y anualdel IPC según niveles de ingreso por criterio absoluto.
Según el Dane, en septiembre de 2021, la variación mensual del IPC por nivel de ingresos fue: Pobres (0,36%), Vulnerables (0,41%), Clase media (0,37%), Ingresos altos (0,40%) y, por último, Total nivel de ingresos (0,38%). En lo corrido del año, la variación del IPC por nivel de ingresos fue: Pobres (4,97%), Vulnerables (5,12%), Clase media (4,46%), Ingresos altos (3,49%) y, por último, Total nivel de ingresos (4,33%). La variación anual del IPC por nivel de ingresos fue: Pobres (5,24%), Vulnerables (5,40%), Clase media (4,67%), Ingresos altos (3,54%) y, por último, Total nivel de ingresos (4,51%).
El impacto de la inflación en los ingresos, contribuye sustancialmente a deteriorar la capacidad de compra y pago a los colombianos, genera rebotes en la pobreza monetaria como indicábamos anteriormente y arrebata de la clase media los ingresos ganados en los últimos años. De hecho, impactos cercanos al 4.33% de la inflación en los ingresos, le quita a la familia capacidad de adquisición, ante el aumento o incremento de los precios en tal proporción. Ello se refleja más en el año corrido para las clases pobres y vulnerables, según el Cuadro No 2.
Finalmente, debemos anotar, que en la medida que se avance en la estabilización del crecimiento a futuro, se desacelerará y se sostendrá inflaciones muy altas, que repercuten en los fenómenos anteriormente reseñados. Anotaciones del BM indican que “Se espera que la inversión rebote gradualmente en 2022 a medida que los proyectos de infraestructura tales como las concesiones viales 4G y el metro de Bogotá reanuden a toda marcha”. E igualmente se aceleren las inversiones esperadas en el sector agropecuario en las regiones con vocación productiva, se incrementen las inversiones en el mercado de valores y finalmente las gobernaciones y alcaldías, reactiven sectorialmente actividades productivas, con la utilización de los recursos de los fondos territoriales y sociales en 2022.
Los pronósticos del BM, presentan un oscuro panorama en la dinámica macroeconómica para el país y América Latina, que finalmente acelerarán y mantendrán los precios muy altos y sobre lo que debemos cuidarnos para no empobrecer más a la población frente a su frágil ingreso mínimo. Manifiesta el banco precitado, que “debido al incremento de los costos de producción en el exterior y la depreciación del peso, se proyecta que la inflación suba en el 2021 y que vuelva a bajar al objetivo de inflación de 3% en el 2022. La lenta recuperación de las exportaciones de petróleo y del turismo en comparación a la rápida recuperación de las importaciones empujarán el déficit de la cuenta corriente al 4,9% del PIB en el 2021. El déficit de la cuenta corriente se proyecta descienda ligeramente en el mediano plazo a medida que las exportaciones e importaciones de bienes y servicios, distribución de dividendos a los inversionistas extranjeros y las remesas vuelvan a niveles prepandemia”.
Sobre la base del paquete de reforma fiscal aprobado en septiembre, que aumenta los ingresos a mediano plazo y fortalece la regla fiscal, se proyecta que el déficit fiscal se ubicará en una senda descendente a partir de 2022. Sin embargo, si la reforma fiscal no arrojara la reducción esperada del déficit, se necesitarían medidas adicionales para bajar el déficit y la deuda en relación al PIB de manera creíble, convincente y sostenida durante el mediano plazo. Ello generará mayor incertidumbre y con precios incrementales para los meses de diciembre de 2021 y enero de 2022
Según las estimaciones del BM “gracias a la continuación de las transferencias de emergencia y la recuperación económica, 2,1 millones de personas se estima van a escapar de la pobreza en el 2021, basado en la línea de pobreza oficial. Sin embargo, se estima que habrán 18.9 millones de personas en pobreza, contra 17.5 millones antes la pandemia. Se proyecta que, si bien la inequidad de ingresos descenderá, esta se mantendrá por encima de los niveles (ya altos) de prepandemia”.
Si bien las cifras, frente a los pronósticos, son aun alarmantes; la inflación frente a los ingresos debe ser controlada con medidas monetarias emergentes. Que eviten el crecimiento de la pobreza monetaria y el desempleo. Ya se inició con el aumento de la tasa de interés y la TIB por parte del Banco de la República, se sobreviene una intervención racional en la política cambiaria y el mejoramiento diferencial de la sostenibilidad fiscal.
Muchas columnas se han escrito sobre la preocupante situación de seguridad que se vive en Colombia. La pandemia llegó para poner en evidencia las precarias condiciones de millones de colombianos, al tiempo que incrementó la pobreza, el desempleo y generó una fuerte crisis económica de la que apenas nos estamos empezando a sacudir.
Es un problema sobrediagnosticado, como tantos en Colombia. Sabemos bien cuáles son los delitos que más afectan a los colombianos. Sabemos que las cifras en las ciudades son cada vez más preocupantes y estamos todos convencidos de que necesitamos buscar soluciones integrales para empezar a revertir la tendencia.
Desde Montería como epicentro del primer encuentro de Seguridad y Convivencia Ciudadana realizado durante el viernes y sábado pasado, debatimos sobre las principales causas del incremento de seguridad. Sentados en una misma mesa generamos la discusión con los gobernadores, alcaldes, Gobierno Nacional, Altas Cortes, Defensoría del Pueblo, Policía Nacional, Procuraduría General de la Nación y Migración Colombia.
En este encuentro se avanzó en temas importantes que fueron puntos de consenso. Los alcaldes seremos escuchados en la elaboración del proyecto de Ley de Seguridad Ciudadana, pues desde los territorios somos conocedores de las problemáticas y mejoras que se requieren.
El Gobierno Nacional está ad portas de presentar este proyecto que llevará a una condena efectiva con medida de aseguramiento. El porte de armas tendrá mayores sanciones y se propone una menor cuantía en el hurto simple, reducirlo a 4 millones, hoy está en 10 millones de pesos. De igual manera, todo lo que tenga que ver con hurto agravado con violencia, con porte de arma de fuego o arma blanca, que tenga medida de aseguramiento por parte del juez.
Recibimos también el anuncio del Gobierno Nacional de la firma de la reglamentación de la regulación y control de las armas traumáticas en cuanto a su tenencia y porte. Igualmente, nos sentaremos a discutir sobre las corresponsabilidades del funcionamiento y sostenimiento de las cárceles desde los temas fiscales y presupuestales, lo que hemos pedido desde Asocapitales ante la necesidad de que defina de manera detallada las responsabilidades de la Nación, de los departamentos y los municipios en relación con la población privada de la libertad sindicada.
Nuestro interés es cerrar un debate de varias décadas y hacer una propuesta donde todos aportamos para una solución definitiva al problema carcelario, contribuyendo con esto con condiciones que favorezcan la seguridad y garanticen la dignidad de la población privada de la libertad y superar los hacinamientos desbordantes.
Somos conscientes de que esto requiere medidas urgentes, pero, sobre todo, exige grandeza de parte de todos los que tenemos autoridad en el tema. Necesitamos mejorar la seguridad en las ciudades y en todo el territorio nacional, que la gente pueda vivir sin miedo, que sea libre de moverse a la hora y espacios que quiera. Para eso, trabajamos mancomunadamente todas las autoridades: las nacionales, las departamentales y las municipales.
Para mí, el logro más importante de este encuentro es también el paso más fundamental en el camino a recuperar la seguridad en el país: entender que la seguridad no es de unos ni de otros, sino de todos los colombianos, trabajar de la mano para ofrecer soluciones integrales a una problemática que tiene profundas raíces sociales y económicas. La seguridad debe ser, hoy y siempre, un propósito nacional.
En su libro El triunfo de las ciudades, el economista estadounidense Edwar Glaeser, afirma que para que una ciudad tenga éxito, además de ofrecer bienes y servicios que satisfacen las necesidades básicas de sus ciudadanos, debe generar también ambientes y espacios de felicidad, entretenimiento e integración social.
Uno de los más grandes logros de Montería en los últimos años, fue convertirse en capital región, ofreciendo servicios de educación media y superior, salud de alta complejidad y comercio especializado a 73 municipios a su alrededor. Además, ha logrado integrar a todos los monterianos y cordobeses a través del deporte profesional, con los equipos Jaguares, Vaqueros y Caporos, que son un símbolo de arraigo, sentido de pertenencia y se han convertido en conectores de ciudad y ciudadanía.
Además de ser una vitrina nacional e internacional para nuestra capital, el deporte profesional es recreación, formación competitiva, fomento del turismo y activación comercial y laboral. Sin embargo, nuestros equipos atraviesan por una situación financiera difícil, por el escaso patrocinio que reciben de los sectores privado y público, los mismos que deberían ser sus principales impulsores. Soy un convencido que invertir en el deporte va más allá de una pasión, es apostarle a la ciudad y al departamento, a una región en crecimiento y a una ciudadanía ávida de progreso, desarrollo y oportunidades.
Mucho esfuerzo nos costó la construcción del Estadio de Fútbol, un proceso que tuve la oportunidad de liderar, desde la compra de terrenos, pasando por el diseño y la gestión de recursos, hasta llegar a la ejecución. Actualmente, este escenario es la sede de Jaguares de Córdoba, que desde 2015 logró su ascenso a la primera división del fútbol profesional colombiano, y allí se ha mantenido durante seis años, volviendo hoy a estar entre los primeros ocho.
También logramos sacar adelante la construcción del nuevo Estadio de Béisbol 18 de Junio, casa de la novena Vaqueros de Montería, que en dos temporadas ha estado en dos finales y ha obtenido un campeonato en el béisbol profesional colombiano.
Aplaudo a los inversionistas que llegaron a Montería con la ficha de Jaguares y a los que se atrevieron a fundar Vaqueros, un equipo de béisbol profesional que nació del apoyo local. ¡Sería inadmisible que desaparecieran por falta de patrocinio! Hoy más que nunca, en medio de una post pandemia, debemos aferrarnos a lo que se ha logrado y no retroceder, porque tener equipos profesionales es un faro para los niños y jóvenes que sueñan con ser deportistas e invertir en el deporte, es ayudarlos a pensar en grande y enseñarles que con esfuerzo y disciplina, pueden llegar lejos.
Un ejemplo de ello son las escuelas deportivas que se han encargado de formar y promover nuevos talentos, como la del profesor Luis Escobar Pocaterra en Los Garzones, donde cientos de niños entrenan con el sueño de jugar en Vaqueros y seguir los pasos de Jordan Díaz y Brayan Buelvas, beisbolistas monterianos, quienes iniciaron jugando en el equipo de casa y ya están firmados por equipos de grandes ligas, muy cerca de ser los primeros cordobeses en llegar a la ‘gran carpa’. En el fútbol también hay historias inspiradoras como las de las escuelas de formación Rey Pelé, Pase Sport y Área Chica, y jugadores que son referentes para las nuevas generaciones, como los monterianos Wilson Morelo y Duván Vergara y el tierraltense, Miguel Ángel Borja.
Es momento de que sin cálculos políticos, se apoye de manera decidida a Jaguares y Vaqueros, para que sigan integrando a toda una región en torno a la pasión por el deporte. Queremos que siga rugiendo el jaguar en el Estadio de Fútbol y que en las tribunas del 18 de Junio, llenas con la mejor afición de Colombia, nunca se apague el coro: “¡vaya a bañarse al Sinú!”.
Colombia solo emite el 0,6% de los gases de efecto invernadero del mundo, sin embargo, es altamente vulnerable a los efectos del cambio climático. Por eso, estamos transitando hacia la carbono neutralidad a 2050 con un marco normativo robusto, que será el mayor legado de este Gobierno para los colombianos y para todo el planeta.
La construcción de un país habitable para las próximas generaciones implica, además, la consolidación de un nuevo modelo económico, social y ambiental que involucra a todos los sectores y genera oportunidades para la reactivación poscovid. Para trazar la hoja de ruta de ese futuro de todos, radicamos ante el Congreso de la República el proyecto de Ley de Acción Climática.
Cada capítulo de esta Ley es una oportunidad para cumplir las ambiciosas metas en materia de mitigación y adaptación al cambio climático que nos plantemos en diciembre de 2020, cuando el presidente Iván Duque le anunció al mundo la actualización de nuestras Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC), enmarcadas en el Pacto por la Sostenibilidad del Plan Nacional de Desarrollo y el objetivo del Acuerdo de París de implementar acciones para que la temperatura del planeta no aumente más de 1.5°C a fin de siglo.
Para ello, desde Colombia nos propusimos reducir el 51% de las emisiones de gases efecto invernadero, a través de 196 medidas de mitigación y adaptación, que incorporan también los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como la transición justa de la fuerza laboral, tras los cambios en las actividades que se van a generar; la reducción a cero de la deforestación y los enfoques de género y de derechos humanos. Esto se refleja en el proyecto de ley que además establece, entre otros aspectos, que un mínimo del 30% de los mares y áreas continentales estén bajo categorías de protección o estrategias complementarias de conservación, la restauración ecológica de al menos 1 millón de hectáreas, el manejo sostenible de 2,5 millones de hectáreas mediante contratos de conservación para estabilizar la frontera agropecuaria, lograr que 600 mil vehículos eléctricos entren en circulación e incorporar a 2030 el cambio climático en la educación formal.
Como el ejemplo empieza por la casa, la Ley también establece que las instalaciones de todas las entidades de la rama ejecutiva del orden nacional, altas cortes, autoridades ambientales, entes de control e institutos de investigación ambiental deben ser carbono neutrales a 2030. Los organismos adscritos y vinculados al Ministerio de Ambiente ya comenzaron sus planes de reconversión.
Estas son buenas noticias, y son parte de las acciones con las que llegaremos a la versión 26 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021, la COP26, que se realizará en Glasgow en las próximas semanas. Con esto no solo afianzamos el liderazgo mundial de Colombia en materia ambiental, sino que llegamos con herramientas para que los países más ricos, especialmente a los miembros del G20, que son los grandes emisores de gases efecto invernadero, tengan un mayor compromiso con su ambición climática y aporten recursos para que las naciones más vulnerables, como la nuestra y los territorios insulares, puedan llevar a cabo planes de ruta.
No hay planeta B y garantizar la sostenibilidad de este que tenemos necesita del concurso de todos.
No es un problema exclusivo de una ciudad, tampoco algo que se pueda resolver con discursos o con la voluntad política de unos cuantos. El problema del desempleo juvenil es una realidad que no solo nos golpea, sino que también representa un lastre para el desarrollo de toda una nación.
Aunque el emprendimiento se ha convertido en una importante válvula para aliviar la presión social de este fenómeno, no todo el mundo tiene lo necesario para crear, sostener y mucho menos crecer como empresa, en un modelo de país que no facilita la creación de nuevas empresas, que está lleno de trámites y cargas impositivas que desestimulan el nacimiento de nuevos negocios, sumado a que muchos jóvenes crecen con la visión de que una vida laboral estable depende de tener un “buen empleo”.
Según lo reportado por el Departamento Nacional de Estadísticas (DANE), entre abril y junio de 2021, la tasa de desempleo juvenil alcanzó un 23%, traducido en 1,58 millones de jóvenes desempleados, muchos de ellos profesionales que desde hace algunos años intentan infructuosamente ingresar al mercado laboral y otros recién graduados que quizá aún no saben de la lucha que les espera por delante.
Pero también hay que analizar el escenario en el que muchos jóvenes hoy no consideran seguir carreras profesionales, o incluso técnicas o tecnólogas, ya sea por costos o porque prefieren otras opciones para su realización económica. Esto, sin duda, tendrá un impacto negativo a futuro en la competitividad del país frente al resto de Latinoamérica y el mundo.
Esta no es una problemática que debe abordarse desde lo local, es necesario el compromiso de alcaldes y gobernadores en el desarrollo de políticas encaminadas a generar oportunidades laborales, contando, eso sí, con el apoyo del gobierno Nacional. Colombia es un país abierto a la fraternidad regional y al intercambio académico, de talento y de mano de obra, donde no necesariamente la ciudad de origen, es la que se amolda a las expectativas laborales de los jóvenes.
Pese a que existe la Ley del Primer Empleo, creada para incentivar y facilitar el ingreso de los jóvenes al mundo laboral, a través de beneficios a las empresas que generen plazas para quienes pertenecen a esta población, hacen falta esfuerzos reales para llevarla del papel a la práctica.
No podemos permitir que aquellos de quienes depende el futuro inmediato del país, pierdan la fe en la educación, en las oportunidades y en el deseo de seguir construyendo una mejor Colombia, mucho menos que se conviertan en talentos fugados, cuya única alternativa sea, como ha sido el caso de muchos, irse para nunca volver.
Los jóvenes tienen que ser la fuerza que mueva el país, tenemos que trabajar por las oportunidades que justamente reclaman, como una prioridad para construir una Colombia más próspera y más grande.
El hermanamiento con David es un paso clave para consolidar la agenda Internacional que hemos trazado para que Montería se conecte con el mundo.
Hace poco anunciamos que el próximo mes celebraremos la primera edición de la Media Maratón de Montería. Correr es un gran deporte y la oportunidad de hacerlo por las calles de nuestra ciudad, a la orilla del río Sinú, será especialmente emocionante.
Pero no es precisamente de la Media Maratón que hoy hablaremos, sino más bien de los aprendizajes que me ha dejado a mí correr. Puede que suene curioso, pero correr me ha permitido entender algunas cosas desde otra perspectiva.
Como humanos, tenemos una tendencia a enfocarnos demasiado en el fin y olvidarnos de los medios. Trabajamos por alcanzar un objetivo y solo al lograrlo sentimos satisfacción. Pero bajo ese enfoque, en el que la meta es lo más importante, estamos desperdiciando lo más valioso: el camino que debemos recorrer para cruzar la meta.
¿Por qué hablo de esto? Porque desde nuestra posesión en enero de 2020, tenemos una meta en la cabeza: la internacionalización de Montería. Dejar de ser una Barranquilla chiquita y pasar a ser una Montería Grande implica también construir vínculos duraderos y enriquecedores con otras ciudades del mundo.
Por eso, me llena de orgullo el reciente acuerdo de hermanamiento que logramos con la ciudad de David en Panamá. Claro que no hemos cruzado la meta: apenas estamos recorriendo los primeros pasos de esa carrera que nos llevará a que Montería sea una ciudad conectada con nuevos mercados, una ciudad con más oportunidades para los monterianos; una mejor ciudad para la gente.
Y ese camino que emprendimos con este hermanamiento es un proceso que debemos, como ciudad, disfrutar y valorar. No solo porque esperamos que sea el primero de muchos que nos permitan concretar nuestra ambiciosa agenda de internacionalización, sino porque este acuerdo con la ciudad de David, la más industrializada de Panamá, va a traer unos beneficios muy importantes para nuestra ciudad. Algunos, incluso, ya podemos verlos.
Por el lado de la educación, la Universidad del Sinú concretó 5 convenios con instituciones de educación superior de alto nivel de Panamá para intercambio de estudiantes, profesionales y docentes con enfoque de investigación. En cuanto al sector salud, representantes de ambas ciudades se reunieron con directores de instituciones médicas y acordaron realizar juntas médicas bajo la especialidad de ginecología, ortopedia, cirugía reconstructiva, ofrecer chequeos ejecutivos y tratamientos oncológicos para los habitantes de la provincia de Chiriquí y la ciudad de David.
David es también una despensa agrícola para Panamá, y comparte con Montería esta vocación. Esto nos permitirá adelantar intercambio de genética, especialmente de la raza gyr para que aumente la producción de leche y transformación de productos.
En este camino hacia la internacionalización apenas hemos dado el primer paso. Pero, igual que cuando uno se despierta temprano a correr, el paso más difícil de dar suele ser también el primero. Conectarse con Panamá es también conectarse con el mundo. El Canal de Panamá tiene 180 rutas marítimas que conectan 170 países y 1.900 puertos. Esto nos permitirá poner nuestros productos en el eje conector del mundo. Para el turismo, los beneficios también serán enormes: la ruta aérea de Montería a la ciudad de Panamá ya está diseñada con los permisos de la Aeronáutica. Este hermanamiento nos ayuda a agilizar su implementación. Aquí cada paso que se da tiene un objetivo, nada es producto de la casualidad sino de la planeación y la visión que tenemos de una Montería Grande.
Nos queda un largo camino por recorrer para llegar a la meta de Internacionalizar a Montería. Ya arrancamos y avanzamos. El hermanamiento con la ciudad de David es un paso importante, pues no solo nos permitirá recibir en Montería inversión extranjera y beneficios en distintos ámbitos, sino que nos abre una puerta importantísima para mostrarle al mundo lo mejor de nuestra ciudad: servicios, cultura, la riqueza natural y los valles fértiles. Con esta motivación, es muy fácil seguir corriendo hasta cruzar la meta.